divendres, 13 de febrer de 2015

Jordi Paredes, un Antic Alumne de Casp a la NASA

Jordi Paredes, Antic Alumne de Casp, va arribar com a becari a la NASA i ara, amb 28 anys, gestiona un equip de vuit persones i un projecte al Jet Propulsion Laboratory (JPL), a Pasadena (Califòrnia).


A continuació, dins la notícia, podeu llegir l'article íntegre de José Andrés Gómez publicat a El Mundo el passat 11/02/2015



De la Politécnica de Cataluña a la conquista del espacio

Se llama Jordi Paredes, tiene 28 años, llegó como becario a la NASA y ahora gestiona un equipo de ocho personas dentro de un proyecto de 30 millones de dólares -alrededor de 25 millones de euros-. Tal cual.

La historia de este joven fascinado por el espacio no es la de "ningún Einstein" superdotado al que la agencia espacial norteamericana descubriese por su sobrenatural talento, como él mismo reconoce. Se trata, más bien, de la meteórica carrera -nunca mejor dicho- de un chaval que un día soñó con desentrañar los misterios del Universo, con averiguar qué había más allá de las estrellas y cuyo titánico esfuerzo le ha llevado hasta el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA, en Pasadena (California), siendo el español más joven en la Agencia.

Alumno en horario matutino de Ingeniería Industrial en la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) y de Ingeniería Aeronáutica en horario vespertino, Paredes vivió durante sus cinco años de formación universitaria por y para la Física, las Matemáticas, los problemas de Mecánica, de Dinámica de Fluídos o de Electrónica. "Fue una época dura, pero aprendí mucho. Recibí una muy intensa y diversa base que uso ahora en mi día a día", confiesa.

Tras Industriales y Aeronáutica, se marchó a Francia a hacer un doble diploma Ingeniería Aeronáutica especializada en propulsión. Realizó prácticas en Airbus, desarrolló un proyecto de investigación relacionado con lo que se hacía en el JPL y se marchó a California. "Me supo mal abandonar el país, después de haberme pagado la educación, pero quedarme suponía estar explotado, no respetado y con pocas opciones de futuro. No tenía alternativa".

Así, tras ejercer de becario en la NASA durante seis meses, empezó a colaborar con otros grupos ofreciendo sus servicios como ingeniero especializado en Computational Fluid Dynamics (CFD). Dio en el clavo. "Ésa fue la clave para quedarme. Participé en muchos proyectos ofreciendo resultados suficientemente válidos y en cortos periodos de tiempo. Así que empecé a encargarme de toda la computación en dinámica de fluídos del JPL".

Rodeado de eminencias
Desde entonces, estudia problemas relacionados con naves y robots espaciales en este área concreta. Ha trabajado en el Curiosity, el InSight o el proyecto Mars 2020, entre otros, con el que la agencia norteamericana enviará un nuevo laboratorio rodante al Planeta Rojo. Sus compañeros de trabajo son verdaderas eminencias en sus respectivas especialidades, algo que le intimidó nada más aterrizar en la Agencia. "Uno de ellos me soltó que hacía sólo dos semanas Obama le había felicitado por su último diseño en el Curiosity", recuerda.

Aun así, dice sentirse como un niño pequeño en una tienda de golosinas. Dispone de recursos casi ilimitados mientras experimenta, crea y acaba enviando los robots que idean a Marte. "Saber que lo que haces vuela al espacio y aterriza en otro planeta... No tengo palabras".

Aunque espera poder jubilarse en la NASA, reconoce que el trabajo que desarrolla junto a su equipo implica una gran responsabilidad y llega a asustarle en ocasiones: "Estamos hablando de misiones de millones de dólares. No quieres ser tú el que meta la pata y al que la prensa mundial señale".

Su jornada en el JPL de Pasadena suele comenzar a las 8.30 horas de la mañana, pero dispone de absoluta libertad para entrar o salir cuando lo estima oportuno. Lo que importa son los resultados. "No se trata de las horas, sino de la eficiencia de las mismas: hay días que trabajo cuatro horas y otros que trabajo 16".

La NASA tiene un presupuesto anual de 16 billones de dólares (unos 14.000 millones de euros). Pese a lo que se pueda pensar, las cifras destinadas por el Gobierno norteamericano a escudriñar los confines del Universo están lejos de ser "astronómicas". "Supone un 2% del presupuesto militar americano. Es decir, un año de la partida que el Gobierno destina a fines bélicos equivale a 50 años del presupuesto de la NASA", lamenta. "Yo preferiría dar 50 veces más recursos a la Agencia, una entidad sin ánimo de lucro, con el único objetivo de hacer ciencia, que no hacer guerras que al final sólo enriquecen a los más ricos", añade.

Actualmente, el reto que le quita el sueño también tiene que ver con Marte. En concreto, con la generación de oxígeno usando los recursos naturales marcianos (dióxido de carbono). Además, se encuentra involucrado en la construcción de un cohete que pueda devolver muestras marcianas a la Tierra, aunque aún faltan "20 o 30 años" para poder tener la financiación y tecnología adecuada para ello. Mientras tanto, Paredes continúa trabajando, sabiéndose un afortunado al impulsar experimentos y misiones que puedan ayudar a la humanidad a entender mejor el Universo. "Está todo a nuestro alcance, sólo se necesita el trabajo y las ganas adecuadas para comerse el mundo... ¡o el espacio!".

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